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domingo, 26 de abril de 2015
jueves, 23 de abril de 2015
UNA DEL OESTE 6
LAS MINAS DE ORO
-Su nombre…
-John Duard.
-Aquí, firme aquí.
John miró otra vez el papel impreso que acababa
de rubricar: un
compromiso de
servicio en la minas de oro de un rico
propietario de Joospark, el Sr. Drack.
-Puede incorporarse en el turno de las nueve, de nueve a seis de la tarde.
Son horas de duro trabajo -dijo el propietario al nuevo obrero.
Cogió su pico y se dirigió a la zona señalada
junto a un grupo de trabajadores.
Nadie se extrañó de su presencia. Estaban
acostumbrados. Se podía
decir que no había un solo obrero viejo, veterano. Además, casi no se permitía hablar.
El látigo hablaba en las manos del capataz
Rocker.
Trabajar, callar, ganar algo: esa era la filosofía existencial de aquellos grises trabajadores,
cuyas miras no alcanzaban más allá del vaso de licor y
la canana llena
de plomo.
SALLY DESAPARECE
A pesar de que el Sr. Tomas le ofreció
un puesto para trabajar en su
granja,John había preferido ir a la mina.
-¿Dónde te has metido durante este dia?
-He trabajado en las minas del Sr. Drack.
-¿Hay algún mal en ello?
-Malo, no. Eso es lo peor que podías hacer.
-Por qué.
- El dueño es un déspota.
-Yo le considero un gran señor, amante de la justicia. Esa es la impresión
que me ha causado.
-No te fíes de las apariencias que muchas
veces engañan, John. Ese es
de los que hace lo quiere y cuando quiere; se burla de la Justicia, no existe para él.
-Ya veremos -respondió John a Pecas mientras se dirigían a la granja.
El Sol se ocultaba
ya.
Algo misterioso y al mismo tiempo familiar se notó en la
agitación de los animales, los hombres y las cosas, en el aire denso, surcado por el chillar de los grillos y los ladridos de perros salvajes.
John miró a Pecas. Pecas giró sus ojos hacia su compañero. Ambos pararon sus
cabalgaduras. Ambos saltaron a tierra al mismo tiempo y se fueron aproximando silenciosamente a la pared
posterior de la casa de madera.
Un penetrante grito surgió de una angustiada garganta.
-¡Es la voz de Sally -dijo Pecas abriendo sus
ojos bajo el sudoroso cuero cabelludo, en evidente tensión.
El Sol escupió sus últimos fogonazos rojos y desapareció bastante lejos.
jueves, 12 de febrero de 2015
lunes, 10 de noviembre de 2014
ESTEMUNDO 9
Se inclinaba y
veía su rostro arrugándose en la
superficie ondulada del agua. Los peces
de la fuente sacaban su cabeza del agua para pronunciar su
nombre para dejarlo navegar por la inquieta superficie como una hoja seca.
Era
muy feliz.
-
Dan, ¿durará mucho esta
dicha? Creo que todo esto es un sueño
-
Sí, Este, hasta que
quieras... Mientras dure Estemudo, tu reino.
-
Dan, quiero que sea
siempre así,
siempre.
El pequeño amigo del niño se apenó.
El pequeño amigo del niño se apenó.
- Estoy a punto
de llorar, Este. Un día nos vas a dejar; lo sé, porque conozco tu corazón.
— No digas esto, es muy triste.
— Es la
verdad. Nosotros desapareceremos y nos odiarás cuando sólo seamos para ti un
recuerdo de la niñez...
- ¡No Dan,
no quiero que os vayáis!
Una densa niebla
se extendió por doquier.
- Es la Bruja que está alejando algún
mal de Estemundo -dijo Dan.
Los dos amigos comenzaron a andar hacia la choza donde habitaba la Bruja. A través de la ventana la
descubrieron mezclando raros potajes, gesticulando y pronunciando extraños
sortilegios.
Ella no se dio cuenta de su
presencia…
Se colaron por una rendija de la
puerta entrando estaba la bruja. Se acurrucaron tras una gran tinaja espiando
a la vociferante mujer.
- ¡Males, alejaos de Estemundo! -gritaba ella gesticulando
sobre un fuego azulado que salía de una rara substancia. El humo procedía de la
marmita que
sostenía con una mano mientras con la otra agitaba una varita.
-¡Este humo ocultará
Estemmdo a todos los males!
La bruja deambulaba
de un parte a
otra. De cuando en cuando miraba una gran bola de cristal donde se veían
todas las cosas que podían hacer algún mal a Estemundo.
El nuevo rey quería acercarse un
poco más pero Dan le asió por la manga y le hizo signos de negación
con la cabeza.
De pronto dejó de salir humo de la choza y
todo volvió a la normalidad. El peligro había pasado.
- Vámonos, ya no peligro
- habló Dan en voz baja.
Salieron
de la casa de la vieja que se encontraba postrada en un rincón de la choza.
Volaron sobre tejados de hojas brillantes hasta el palacio real de ventanas de oro y
columnas de mármol.
Hasta había
soldados guardando los jardines y las puertas.
¡Él era el rey!
viernes, 7 de noviembre de 2014
ESTEMUNDO 8
8
— ¡Yo soy vuestro rey!-exclamó el niño soñador.
- Que los sabios
hagan músicas
bonitas de muchos sonidos...
Los músicos
iban y venían con grandes papeles y libros de cantos dorados.
Escribían, pensaban, miraban
al cielo y garabateaban símbolos canturreando tonadillas.
Luego, a la vez, tomaron sus papales llenos de puntitos y líneas: cantaban, cantaban hasta que
todo salía bien...Y, todo se llenaba de alegría de danzando por el aire, al compás.
Todos de distinto color. Unos signos sabían a rojo, azul, otros a amarillo, verde…
- ¿Cómo
me llamo?
- ¿Es verdad, no tienes
nombre?
- Soy un rey sin nombre...
- No te preocupes; ahora mismo buscaré uno para ti.
Era pequeño como ellos, los genios
pequeñitos de sus cuentos. Podía volar como ellos o habitar en las casas
fabricadas en el interior de las setas pintadas. Dan, buscaría un nombre para
él.
Los sabios que leen en las estrellas y tienen sombreros en forma de embudo con estrellitas de papel de plata , leerían en sus libros
y encontrarían un
nombre:¡ESTE!
- ¡Te llamarás así!
Todos cantaron su nombre: ¡Este!
A él le gustaba mucho porque era algo para él sólo.
Todo el cielo fue dibujado su nombre; mil estrellas se movieron para
complacer al rey.
Siempre le impuso cierto respeto, casi temor, la presencia de la
Bruja, que estaba allí, y gritaba también su nombre con una extraña sonrisa en su cara arrugada.
Todos gritaban al
aire mi nombre: ¡Viva Este!
Todas las mañanitas salía a visitar la
fuente Azul.
miércoles, 29 de octubre de 2014
ESTEMUNDO 7
7
Se alejó
como había venido y repitió el mensaje veces y veces, hasta que su voz no pudo más...
Estaba asombrado; a su lado, Dan sonreía satisfecho.
Él le había buscado un bonito nombre, un nombre pequeñito.
Grupos de músicos alegraban el ambiente, preparando el ánimo
para las próximas fiestas.
Sonaban largas trompetas y ondeaban al viento
banderas y pancartas:
-¡Viva nuestro rey!¡Viva su nuevo
nombre!
— ¡Estemundo está alegre!
Por el fondo venía ya el extraño
cortejo de la Bruja, rodeada de geniecillos y de gran ruido.
-¡Viva. Viva. Viva! ¡Venía la Bruja! Pero la bruja buena, que se paró ante el trono del rey, él, el niño que
soñaba con gente muda en la noche de Estemundo!
-¡¡Empiece la ceremonia!!
Todos
formaron un gran corro. . Todos bailaban, cogidas las manos, cantando una canción
extraña. Él se unió a sus cantos e intentó danzar con ellos.
Pasaron dos soles y dos
lunas y todavía seguía el alegre acto.
La Bruja alzaba ora un
brazo ora otro y todos repetían a una voz lo que ella entonaba.
No podía
más. Cayó al suelo.
Cuando se
levantó, todo había cambiado, todo menos él.
Pero era él
quien había cambiado.
Era como los
otros: geniecillo pequeño.
- ¡Dan, ya soy como
tú! -exclamó.
Un búho revoloteó sobre sus
cabezas.
Las trompetas de oro, de plata y de cristal llenaron el cielo de Estemundo .
Las piedrecillas de los caminos y plazas charlaban alegremente
chocando sus cabecitas brillantes entre
sí.
Los pájaros
alzaban el vuelo cantando. Los árboles movían sus hojas con sonidos de mil y mil
campanillas y cascabeles...
-¡Fiesta todo el día! -anunciaron los veloces
paladines.
-¡Fiesta todo el día y la
noche, también!... -¡Cien días de fiesta!
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