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viernes, 5 de julio de 2013

pintura mural

Hace unos días fui a Olmillos de Castro, por la zona de Aliste y entré en su iglesia donde hace unos años pinté la imagen de su patrona, Santa Marina.
Estaba allí arriba, donde la dejé, empuñando el testimonio de su martirio, la palma, envuelta entre celestiales nubes. Un manto de regio bermellón de sangre derramada, una túnica blanca virginal y una corona, completan simbólicamente la personalidad de una joven con las ideas claras.
Santa Marina

Iglesia de Olmillos

domingo, 6 de noviembre de 2011

La Fuliola 10





Mural y detalle de S. Pedro

Un cuadro al óleo sobre madera fue el boceto para esta primera e ilusionada obra. El artista puso en ella todo su saber e inspiración basándose en la típica composición icónica de la tradición: los doce Apóstoles alrededor de Jesús.

Lo original se desparramó por el muro yendo, desde una fidelidad casi retratista del primer apóstol (Pedro-el propio artista) en un extremo de la mesa, soportando toda su longitud y el peso de los demás personajes, hasta la casi abstracción de los dos últimos discípulos, más que estirados, volando sobre la mesa eucarística, desde el techo de la capilla... Aquí se han pintado doce apóstoles, lo que supone la inclusión de Judas, colocado inmediatamente tras de Cristo. Las manos de los discípulos se tienden hacia el centro de la mesa larga y curva donde se halla Jesús, rompiendo un trozo de pan frente a otro entero y con el cáliz "lleno del fruto de la vid".
No me hallaba todavía inmerso en el mundo del románico y las figuras que en este mural aparecen están dentro de una espiritualidad artística expresiva emanada más de la mente el propio autor y su manera de ver el tema que de una "forma" de concebir el ambiente a lo románico.
Dice el historiador Santiago Sebastián que "el mundo parece a los hombres de la Edad Media como un libro de doble sentido, que la Biblia permite descifrar".1
1.-Cf., Sebastián, S, "Mensaje del Arte Medieval", p. 104.

Gérard de Champeaux y Dom Sébastien hacen una distinción entre Cristo, cronocrator, ordenador del tiempo, y Cristo cosmocrator, ordenador del cosmos. Los números relacionados con el tiempo: 6, la creación; 12 horas del día, apóstoles; 24 horas del día y de la noche, ancianos; 30, días del mes; 52, semanas; 365, días del año. El cuatro y el 24 son los dos ritmos fundamentales de la naturaleza: el cuaternario de las estaciones y la división del período diario en 24 horas. Los cuatro evangelios. Los cuatro ríos del Edén. Los ciento cuarenta y cuatro mil elegidos 144.000 = (12x12x1000). La concepción teocrática de la Edad Media favoreció la transferencia al orden religioso de los símbolos y del protocolo tradicional hasta entonces reservado únicamente al soberano temporal.2
La tradición, el lazo icónico con la cultura religiosa previa, está reflejada en ciertos movimientos de los personajes y sus manos más que en la expresión de las caras y del conjunto, que ha querido "llenar" una pared para convertirla en mesa de la Ultima Cena que y no tanto en Cena Pascual. Esto lo veo ahora, con un tiempo de maduración en la fe, que incide directamente en el hecho artístico religioso, siendo sincero igualmente tanto cuando pinté este mural que cuando realicé el último en el año 1991, aunque desde dos puntos de partida distintos. Las primeras pinturas, por tanto, se pueden catalogar acertadamente como "pinturas en la iglesia" y las últimas "pinturas religiosas".
2Cf. Champeaux & Sébastien, "Introducción a los símbolos", p., 483, 508 y 524.

viernes, 4 de noviembre de 2011

FULIOLA-9










LA ULTIMA CENA
Terminada de pintar el 31 de diciembre de 1980.
Se halla en la capilla del Santísimo, espacio a la derecha del altar mayor, lado del Evangelio, encabezando la nave respectiva, fue la primera en ser pintada. En la pared se halla un retablo con la Virgen en relieve tras el sagrario. El mural sale o engloba este conjunto desparramándose hacia su derecha.
Asumo la paternidad del diseño previo de los candelabros y el atril de esta capilla con la forma del pez simbólico catacúmbico, cuya realización fue llevada a cabo por el notabilísimo forjador Antonio Guerra, de Lérida.
CONTENIDO Y ESTRUCTURA.
Las primeras pinceladas cubrieron el muro en el año 1980. Se trata del mural para el altar del Santísimo en la pared cóncava, como la pared de una cueva, un lugar cálido, un lugar adecuado para transmitir un mensaje de amor.
Me ayudó a decorar los fondos y el techo de esta capilla mi hermano Ramón, comenzando en aquellas fechas la carrera de Bellas Artes, profesor hoy y escultor de finos sentimientos..
-

martes, 30 de agosto de 2011

La Fuliola - 8









VIACRUCIS DE LA IGLESIA DE MARIA AUXILIADORA y RETABLO de la capilla.


El "estilo" del mural primero de La Fuliola, es similar, bebe
de las mismas fuentes que inspiraron el primer mural de tipo
religioso pintado unos años antes en la iglesia de los salesianos
de Sant Boi de Llobregat, Barcelona. Estamos en 1980.
Allí decoré una pared de cuarenta metros cuadrados con un
"Viacrucis" existencial, dividido en tres situaciones
humano-divinas: el hombre en situación de desesperada angustia,
el Hijo del hombre asumiendo la destrucción hasta la muerte injusta y el hombre nuevo.


En la capilla de la misma institución religiosa pinté un retablo en el que Cristo es el mástil de una barca eclesial, en cuya proa se halla la Virgen y en la popa
S. Juan Bosco, fundador de la congregación salesiana, con las
manos giradas hacia arriba, orando, fija la mirada en el rostro
de Jesús.
en el mural de la iglesia, las catorce cruces del Vía crucis convencional se reparten
asimétricamente, agrupándose y alejándose, llenando todo el
espacio pictórico vital. La fuerza de la pintura es intuitiva y
basada estéticamente en la enseñanza académica; el contenido
religioso está añadido.
El estilo es cercano al realista, con algunas distorsiones muralistas,
en ayuda de la intimidad de un lugar de oración, con el
simbolismo manifiesto de la capitalidad de los personajes
representados y de la primordial importancia de la oración y la
fe en el eje de la vida cristiana, Cristo.
El tema de la barca y el eje crucial lo voy a utilizar en uno de
los murales de la iglesia de La Fuliola.

sábado, 13 de agosto de 2011

PINTAR LA FE - 7









EL PRIMER CUADRO.

Hago memoria de una primeriza pintura "religiosa", que yo
consideré "seria" y que no pasa de ser unos pinitos, cuando a uno
se le ocurre pintar y comienza a hacerlo con "los
óleos"; ello ocurrió allá por el año 1968. Se trataba de pintar
algo original porque así me lo propuse y porque nunca me ha gustado la "copia". Del esfuerzo mental que el diseño de la obra supuso
surgió un cuadrito cuyo tema, trece años más tarde, iba a ser
retomado para la pared de la capilla del Santísimo de la Fuliola.
Ha sido ahora, cuando me dispongo a analizar esta obra, que me he
acordado de todos estos detalles concomitantes que pueden servir
para explicar la génesis de mi obra religiosa y su evolución.
Existe aún este primer balbuceo pictórico, un cuadro del diez
figuras, apaisado, con un apostolario alrededor de Jesús donde el
rostro es el protagonista, ya que todos los personajes están
presentes en su representación facial y las manos de Cristo,
abierta la izquierda hacia arriba y sosteniendo la derecha el
cáliz, en el centro de la composición. Se hallan todos alrededor
de unos manteles bicolores de factura ajedrezada -repitiendo el
signo crucífero- en cuyos límites, en forma de corazón, asoman
los mencionados rostros. La manipulación del artista, usando de
una incipiente y personal vena interpretativa, llega a colocar
sólo a nueve discípulos, para hacer mención de ausencias notorias
y para que quien contempla el cuadro se incorpore al coro
apostólico, completando el simbólico número de doce.
La coincidencia de varios signos se presenta evidente y
aleccionadora entre este cuadrito y el mural.
El primer aspecto es el de los pigmentos y el método; en el
cuadro es el óleo; en la pared van a utilizarse pigmentos
minerales y como aglutinante resinas sintéticas, con un resultado
similar al del primer procedimiento, pero de un secado mucho más
rápido.
La composición se basa, en el primer caso, en el centro, en la
imagen esquemática del corazón, con alusión evidente a los
sentimientos de intimidad que tal imagen sugiere, trasladada al
momento que el cuadro representa, la Ultima Cena. En el mural la
composición se adapta al máximo a la pared cóncava sobre la que
se ha diseñado, en un movimiento ascendente-descendente que marca
también un centro, el mismo que en el cuadro, las manos de
Cristo, esta vez con el pan entre ellas. En ambos esquemas
compositivos predomina la intuición del artista, por encima de
soluciones históricas m s tradicionales.
Las similitudes se repiten a la hora de analizar el sistema
pictórico. En el primer momento empleé, de forma rudimentaria,
experiencial (era la primera vez que pintaba con un sistema nuevo
para mí), el óleo; en la iglesia experimenté por primera vez
la resina o el barniz, ya utilizados sobre madera y tela en el
taller de L'Hospitalet con mi buen amigo y gran artista aragon‚s
Juan Jos‚ Vaquero Foz. El procedimiento al fresco, más en la
tradición románica, no se adecuaba a la "rapidez" de un fondo ya
preparado, el yeso sobre el cemento, que satisfizo al artista.
Se ha avanzado en este mural en todos los sentidos, ya que no
en vano, desde la realización del aquel primer intento artístico
que fuera el cuadro de la Cena, pintado desde lo puramente
autodidacta, hasta la pintura de este mural, pasaron los años de
la formación en Bellas Artes y una transformación a nivel
personal en cuanto al sentido de la fe se refiere; todo ello
es evidente en la contemplación de ambos extremos pictóricos, que
posteriormente se ir analizando paso a paso en cada pintura.
Es el primero un cuadro, tal vez el único, en que se ha
empleado el color negro y en el que las mezclas de los colores
están realizadas, como ya hemos dicho, con el condicionante
evidente del pintor primerizo; en el segundo espacio pictórico se
ha evitado el negro -lección aprendida en el paso por las aulas
de "Sant Jordi"- y donde las mezclas de los colores se pasean
por todos los grises, supeditados a una coloración dominante, el
azul. El contrapunto de este color se ve reforzado por la
entonación restante del espacio total donde los tonos tostados,
rojizos y algunos complementarios más, lo realzan.
Las "libertades" evidentes en el cuadro, como el número de los
apóstoles, la supresión del pan, el corazón simbólico, se han
superado en favor de un mayor rigor histórico-litúrgico en el
mural.

sábado, 9 de julio de 2011

HISTORIA PICTÓRICA DE LA FULIOLA - 6



PROLEGÓMENOS DE LA OBRA PICTÓRICA DE LA IGLESIA DE LA FULIOLA,
PINTADA ENTRE 1980 Y 1990

Cuando el Obispo de la Seu d'Urgell, Dr. Ramón Yglesias
Navarri, a principios de los años sesenta, ante la incapacidad
espacial del templo con motivo de la confirmación de los hijos
del pueblo, encomendó la ampliación de la iglesia de la Fuliola,
tal vez no pensó sólo en la remodelación de un espacio útil para
una finalidad eminentemente doctrinal y sacramental de
mantenimiento; comenzaban a correr aires de renovación en plena
efervescencia del Concilio Vaticano II; por algo había que
comenzar y el espacio fue en este caso lo primero.
No iba a resultar ser ésta la única remodelación, ya que los
siglos precedentes se comportaron de forma similar con la
fachada y el interior de la iglesia.
Esos cambios sufridos por el edificio de la iglesia son la
visualización de lo que ocurre en verdad en su interior y que se
plasma en su propio simbolismo: es un cuerpo que respira, crece,
vive porque dentro de él se gesta para la vida eterna.
Cada época ha dejado su impronta en lo que fuera, en un
principio una humilde capilla, una iglesia románica por los
cuatro costados.
Seguramente hoy, en pleno declinar del siglo XX, tras la
vivencia paulatina pero en efectiva profundización de la doctrina
del Vaticano II, no se hubieran acometido de igual forma los
trabajos que han supuesto la demolición de unos muros
centenarios, la venta de sus piedras para la parcial compra de
materiales más modernos con el fin de proporcionar mayor
amplitud al templo parroquial, sino que la metamorfosis hubiera
tenido lugar en su interior, cosa que, en parte, también ha
ocurrido ahora, afortunadamente.
Se libraron del cambio la fachada pétrea, con su puerta
renacentista-barroca, su torre cúbica y la pared sur, tan
románica, que no fueron demolidas...
No se imaginaba el buen obispo que en vez de aumentar el
número de fieles -lo que motivó la remodelación-, iban a ser cada
vez menos los que a los actos religiosos acudirían en los años
posteriores.
El "refrito" arquitectónico se realizó -y ciertamente
desaguisado es destruir parcialmente una iglesia para convertirla
en otra parecida, pero no ya con el sabor interno de lo que
fuera, testigo de épocas anteriores en lo artístico y en la fe
de las generaciones pretéritas- digo, pero al mismo tiempo no oso
calificar del todo erróneas las soluciones que los arquitectos
han adoptado para lograr tales efectos reformadores, porque han
servido también para "depurar" espurios aditamentos que se habían
pegado a la piel de la verdadera liturgia y su entorno.
De todos modos, ¡Ho felix culpa"!, ya que precisamente es la
doctrina emanada del Concilio la que en sus paredes se halla hoy
cubriendo las asepsia gris del cemento enmascarador y del rápido
e impersonal ladrillo,que pedían a gritos -oídos desde la fe y el
espíritu evangélico de quien nos propuso la obra pictórica- ser
vestidas con la fuerza transfiguradora de la pintura, de los
símbolos cristianos, de una auténtica catequesis visual; a lo
románico.


1.- VISTA GENERAL DEL INTERIOR DE LA IGLESIA (Foto Jaume Masana)
2.- ASPECTO DE LA IGLESIA ANTES DE LA REFORMA. (Fot. Raimond)

jueves, 9 de junio de 2011

LA FULIOLA 5





OTRA ICONOGRAFIA EXISTENTE EN EL MISMO TEMPLO.

1.- ESTATUA DE SANTA LUCIA EN EL ALTAR MAYOR.

Es adquirida, según información de Mn. Jaume, entre los años
1940-42. Es una imagen de la escuela de Olot (Gerona), hecha de
yeso, de la que deben existir otras de igual factura.
Su altura es de 200cm.
Inicialmente estaba policromada, pero el decorador Antoni
Gorgues, de Barcelona, en la etapa de reforma de la iglesia
(1964-71), eliminada la coloración, optó por dejarla con la
apariencia actual, con semblanza a mármol blanco o alabastro.

2.- RETABLO DE LA VIRGEN TRAS EL SAGRARIO.

Se le da la denominación de "Mare de Déu del Sagrari" por su
ubicación y el simbolismo que quien la realizó le atribuye (ver
el folleto de la inauguración de dichas pinturas al que se hace
referencia en estos escritos). El autor es el Hermano Pere Gil S.
J. de Barcelona. Dimensiones del retablo 250 x 150; de la Virgen,
143.
Realizada en el año 1980, fue colocada el día 30 de agosto del
mismo año, vigilia de todos los santos, siendo bendecida por el
Sr. Obispo de Seu d'Urgell, Joan Martí, juntamente con los
murales de la capilla del Santísimo y el Baptisterio, el 13 de
diciembre, fiesta de Santa Lucía, en el IX centenario de la
Fuliola.


3.- CRISTO EN LA CRUZ.

Es adquirido por las mismas fechas que la imagen de la titular
de la iglesia, procediendo del mismo taller y siendo su factura
de la misma especie. No ha perdido su policromía original más que
en los pies, desgastados y mostrando el yeso configurador a la
devoción de los fieles que allí se detienen con un ósculo de
petición o de agradecimiento.
Su altura es de 170cm y la envergadura de sus brazos de 149.
La cruz es de madera 300 x 180, sobre un enmarcado que sigue la
estructura crucial.


4.- VIDRIERAS DE APOSTOLES Y SANTOS.

El autor del dibujo es Antonio Gorges, del que hay pinturas
en el ábside del templo de S. Andreu de Ivars d'Urgell y
decoraciones en el Hotel Mundial de la Seu d'Urgell.
Se adaptan al espacio circular, que perfora el muro, con un
di metro de 100cm todos menos el que corresponde a la parte oeste
de la iglesia que tiene 165cm. Están realizados con cristal
"alemán" emplomado en algún taller de Barcelona. Su colocación se
efectuó en 1968.
En el cuerpo superior de la iglesia hay otros doce rosetones
vidriados de un di metro de 90cm así como otro rectangular de
255x108 en el ábside, diseñados por el mismo autor y de iguales
características técnicas que los de los santos pero su tema
geométrico-abstracto. La referencia exacta del santo que preside
cada una de vidrieras icónicas ser dada posteriormente.

VISTA DEL INTERIOR DE LA IGLESIA CON LOS ROSETONES SOBRE LOS
RETABLOS

5.- SANTA CECILIA.

Ya se ha referenciado anteriormente, siendo su autor el mismo
que el de las vidrieras.
Se halla en el coro, bajo el rosetón que ostenta la figura de
S. Pablo, el evangelizador de los gentiles.
Actualmente se halla enmarcada en un círculo de un metro de
di metro. Pintada inicialmente al temple se ha retocado con
pigmentos mezclados con barniz transparente. La delimitación
circular y algunos retoques, necesarios por el deterioro del
muro, los ha realizado el autor de esta obra.
La mirada de la santa se dirige al cielo.
Sus dedos sobre un teclado.
Unos ángeles acompañan sus arpegios...

martes, 17 de mayo de 2011

ACUARELAS "LIBER MARIAE"














Acuarelas que pinté y que ilustran el Libro "Liber Mariae" De Francisco Rodríguez Pascual.








































































Estas son las ilustraciones del "Liber Mariae", de Fray Juan Gil de Zamora, recopiladas y prologadas por D. Francisco Rodríguez Pascual, ilustre antropólogo zamorano, que tuvo la deferencia de encomendarme esta labor ilustrativa. En su honor y recuerdo las traigo hoy aquí.






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domingo, 15 de mayo de 2011

LA FULIOLA 4

PINTURA RELIGIOSA/PINTURA EN LA IGLESIA

En el verano del 91 me tocó restaurar-rehacer una pintura al
temple debajo del rosetón oeste, en el coro, con la imagen de
Santa Cecilia. Era un eslabón artístico con otra época anterior
con la que me gustó contactar tan directamente con mi impronta
pero ajustándome lo más posible al sentimiento que otro artista
le imprimiera en su momento. No se halla en la línea de las otras
pinturas, las que tienen mi sello, todas las restantes, pero ahí
está como eslabón de la cadena ornamental que ha decorado el
templo desde siempre y para reflexión de varios tipos.
Mi opinión es que en esa pintura se ha reflejado, sobre todo,
el sentimiento religioso de la época y, sobre todo, de su
artífice -lo que sucede en parte también con los restantes
murales, sobre todo los primeros de la serie-, dentro de unos
par metros ciertamente artísticos pero demasiado personales, de
lo que difícilmente puede surgir una pintura religiosa
propiamente dicha; ser una pintura "en la iglesia" que podría
estar también muy adecuadamente en la entrada de un salón de
conciertos clásicos de mediados de siglo...
Con ello no quiero que se entienda que deba ser suprimida tal
tipo decorativo en las iglesias ni en ésta en particular - porque
si hubiera sido éste mi propósito en el momento de su
restauración, la hubiera eliminado para sustituirla por alguno de
mis iconos-, incluso Mn. Jaume me dio autorización, en su
momento, para actuar del modo que me pluguiere.
Santa Cecilia, esta imagen en concreto, ha sido sin duda
inspiradora de sentimientos piadosos, válidos para una gente
concreta, pero la piedad, el pietismo, no pueden ser
considerados ellos solos como pergeñadores del arte
religioso-cristiano de raigambre evangélica dentro de la
tradición cristiana, entendiendo por tal la bizantina y la
románica y toda aquella que beba en la fuente en que lo han hecho
estas dos culturas.
Los monasterios son los educadores de los artistas de la Edad
Media hasta los siglos XII y XIII, pasándose del trabajo en
aquéllos al de las ciudades, donde los artistas se organizan en
gremios, lo que propicia una comercialización del arte religioso,
perdiendo éste el carácter eminentemente litúrgico y de emanación
vivencial mística que tuvo en sus mejores momentos.
Dice Oursel que la románica es una pintura verdadera, "sin
abrirse a falsas ventanas y falsas lejanías", adaptada a la
realidad arquitectónica y realizada para ser comprendida a
distancia y en su monumentalidad, manifestando el pintor "un sexto
sentido propio de la arquitectura",10 y nosotros añadimos, propio
también de una mente unida al Creador desde una experiencia de fe
comunitaria.
El templo es un "cuerpo articulado que deja fuera de él, en el
exterior del espacio litúrgico, las tinieblas: "Bajo sus pies
sometió todas las cosas y le constituyó Cabeza suprema de la
Iglesia". (Ef 1, 22). En todo caso existe la cabeza de la
iglesia, el presbiterio con el altar, símbolo de Cristo. El
templo es este lugar sagrado donde Dios se manifiesta por medio
de una liturgia, de un lenguaje capaz de expulsar lo demonios,
de pisar todas las cosas, de ordenar el mundo, confuso por el
pecado, colocando cada elemento en su verdadero lugar. Lo
presente de este mundo lo utiliza el hombre románico para llegar
a la verdad de lo futuro. Los muros, su estructura, los detalles
de la decoración interior y exterior, todo debe remitir a la otra
realidad: a la presencia de Dios entre los hombres para siempre.
Es el santuario en el que se manifiesta la potencia de Dios por
medio de Cristo, por quien los muros de piedra se pueden
convertir en templo verdadero a través la liturgia en la que el
hombre se hace templo, por la Palabra, los cantos y los
sacramentos: "Hermanos: Cristo ha venido como sumo sacerdote de
los bienes definitivos. Su tabernáculo es más grande y m s
perfecto: no hecho por manos de hombre, es decir, no de este mundo
creado... pues Cristo ha entrado no en un santuario construido por
hombres -imagen del auténtico-, sino en el mismo cielo, para
ponerse ante Dios, intercediendo por nosotros."(Heb.9, 11s.
24)."

lunes, 28 de febrero de 2011

PINTAR LA FE



PINTAR LA FE



(Pinturas de la iglesia de Santa Lucía de La Fuliola-Lérida) Jesús Masana Monistirol.

-PRESENTACION


-INTRODUCCION-EPISTOLARIO

El día 10 de febrero de 1993 recibí una cordial epístola en la
que se me felicitaba por el reciente doctorado en Bellas Artes en
la Universidad de Salamanca; firmaba tal misiva Mn. Jaume
Armengol, cura párroco de La Fuliola, Lérida. Me hacía memoria,
"de passada" de una promesa hecha por mí cuando pintaba su
iglesia, en cuanto se refería a poner en orden y completar la
explicación de tales pinturas.
Ha sido ésta, en el momento en que me dispongo a iniciar este
estudio testimonial de mi pintura religiosa, la última carta de
una larga serie, alternadas con las mías, diseminadas a lo largo
de doce años, siendo la primera allá por el año 1981, para
recabar datos y otorgar asentimientos con relación a la primera
de las pinturas realizadas en la iglesia parroquial, la del altar
del Santísimo.
Eso de pedir explicaciones completas de lo pintado o por
realizar arranca precisamente de este mismo momento. En una
carta escrita el 5 de octubre de 1981 ya se me pedían también
las de estas primeras pinturas para su publicación, cosa que así
ocurrió en el folleto de la inauguración de esta capilla y de la
gemela del Baptisterio, donde otras pinturas acompañaron, en
breves meses, las de "La Ultima Cena"...
Las cartas fueron espaciándose, sin llegar a desaparecer el
contacto, hasta el año 1986 en el que Mn. Jaume me insta a
retocar un mural entre pilastras, sobre madera, pintado en el
lado de la epístola, junto a la capilla del Baptisterio, "El
Nacimiento", pintado rápidamente, dejado inacabado para mejor
ocasión...
El primer proyecto para el ábside no fue bien acogido, pero no
por ello se cerraron las "negociaciones", ya que para eso son los
proyectos... También hace alusión en esta misiva del 11 de
Noviembre a la posibilidad de realizar un proyecto nuevo o
retocar el que unos días antes le había mandado con destino al
ábside... Incluso, sin ánimo de influir en la creatividad del
artista, sugiere temas y posibilidades expresivas.
Tales deseos no caen en saco roto y le mando la contestación
con mis intenciones de gestar otro de m s extenso repertorio
icónico: toda la historia de la salvación, a semejanza de los
bsides románicos... Es cuando contesta, el 8 de diciembre del
mismo año, animándome en la tarea creadora...
El día 13 de enero de 1987 manda una contestación, tras
recibir, días antes un nuevo estudio icónico sobre papel. La
comisión da el visto bueno y Mn. invita al artista a que lo
aclare un poco, dada la profusión de figuras y lo pequeño del
papel ya que "tens temps per fe-ho amb calma"...
Diseño el tema sobre un lienzo y lo pinto al óleo de forma
bastante detallada y a escala. Remito la obra y queda todo el
mundo complacido.
Terminado el curso escolar me presenté en la Fuliola a
finales de Junio retomando los pinceles, aún guardados en la
sacritía desde la anterior etapa pictórica, y acometiendo la
pintura del ábside. Son diez días de frenética lucha contra la
altura, la distancia y la proporción... Había pensado en
cuadricular el espacio y trabajar sobre otra cuadrícula en el
boceto, a escala, pero ello era imposible, ya que el sistema de
andamiajes ya colocados no permitía tal cosa.
Opté por pintar directamente ampliando, a sentimiento, parcela
a parcela y dejando para el final la visión del conjunto.
Retirados los tablones y sus correspondientes amarres metálicos
comprobé que el efecto total era aceptable en su conjunto, fuera
de unas tonalidades demasiado violentas en las túnicas de los
ángeles y algún que otro pequeño retoque, aspectos que solución‚
con una escalera adecuada y las correcciones pertinentes.
Recuerdo la casi constante presencia de mosén Jaume a mis
piés, salpicado de pintura, cayéndole desde las alturas, mirando,
preguntando el significado de tal o cual detalle, entrando en la
sacristía para realizar alguna gestión propia de su cargo o para
tomar datos de lo hablado con el artista, que se cimbreaba en los
estrechos pasillos de tablón, en una mano el pincel y en la otra
la soga protectora delimitando distancias, no demasiado seguras.
El 14 de agosto me invitó el Mosén a la bendición del mural,
por el Vicario de la diócesis, Mn. Joan Pujol i Balcells, en
nombre del Sr. Obispo Joan Martí i Alanis. De paso, hace mención
de mi compromiso, expresado en una misiva anterior, de retocar el
retablo del Nacimiento.
Me da las gracias el Mn. por las fotos de la pintura del ábside,
realizadas por mi hermano Jaume, "admirables, sobre tot la de la
nau central amb el mural al fons; quina sensació de profunditat!
Sembla una catedral!". "Prepararé un’altra capella o dos, per
si els teus pincells es posen a to..." Sinceras expresiones
recogidas en la carta del 18 de diciembre de 1987.
El 22 de agosto de 1990, un año antes de acabar la obra
pictórica en la iglesia, con la realización del tímpano interno
de la cancela, hacía una poética mención el Mn. de las ganas de
que fuera pintado el mencionado último retablo que "está
esperant que l'il.luminin els teus pinzells, però es pacient, no
diu res, no es basqueja... Viu d'esperança i d'una esperança
ferma; sap a qui s'ha confiat i está segur que el dia de la
il.luminació arribará." Así aconteció.

jueves, 13 de enero de 2011

JUICIO FINAL

EL JUICIO FINAL
Comentario al mural pintado por Kiko Argüello en laDomus Galilaeae, dominando el Lago Tiberiades
Jesucristo en el centro, como principio y fin de todo.
Ezequiel, en el ángulo inferior derecho, con gorro asirio, narra su visión. Ve el carro de la Mercavà, en el que está sentado Cristo, juez. Sus ruedas aladas avanzan en las cuatro direcciones, anunciando la Verdad.
A ambos lados de la gloria de Jesucristo, en la bóveda celeste, representada con círculos cromáticos, se hallan la Virgen y Adán, debajo de ella; en el lado opuesto, S. Juan Bautista y a sus pies, Eva. Ésta oculta sus manos –las que tomaron el fruto prohibido- en un manto rojo que la cubre la cabeza a los pies, signo de vida y de muerte.
En esta misma zona central de la composición, a ambos lados, los tronos de los Apóstoles, mostrando en sus rodillas el libro abierto del Evangelio y en actitud parlante, anunciándolo.
En la zona superior, en el centro, la figura del Anciano, el Padre, Creador y el Espíritu, Vivificador, en forma de aploma.
El profeta Ezequiel aparece de nuevo, ya mayor y desplegando la profecía que ha tenido cumplimiento, en pie en el último círculo que, con los restantes, simbolizan la creación, presidida por la fuente de la Sabiduría, en lo más alto, y por los planetas y elementos de la Tierra, como el agua, el aire y el fuego.
A la izquierda del Padre, vemos la primera creación, la de los primeros cielos con sus ángeles y la lucha de éstos; los malos son arrojados al infierno –círculo negro- donde no pueden ver a Dios, por su rebeldía. Dos ángeles desenrollan un espacio en el que se muestra esta realidad. Entre esta escena y la zona central, la crucifixión y la resurrección: las tres cruces del Calvario y la tumba vacía con los ángeles, el sudario y las vendas.
A la derecha, cuatro grupos de bienaventurados, profetas, mártires, santas mujeres, obispos y monjes. Encima de esta realidad, el paraíso, lugar cerrado por el pecado del hombre, custodiado por el ángel.
El tercio inferior de la composición está presidido por un trono en el que descansa el Libro sobre un cojín; dos ángeles proclaman el Evangelio en sendos pergaminos desenrollados; es la nueva ley, que es señalada por Moisés, en pie, a su lado. Bajo este ostensorio, la mano de Dios, que sostiene amorosamente a los atribulados, cuyas lágrimas han sido recogidas en un tarro; su valor se une a los frutos de la redención de Cristo, representada por la cruz, el hisopo y la lanza. Ésta toca con su punta un río de sangre que se origina a los pies de Cristo y que abarca todo lo creado para llegar con su poder, pero con efectos contrarios, hasta el mismo infierno; para unos es fuente y causa de salvación y para los que no creen, en condenación. La escena de la resurrección de los muertos, cuyos cuerpos son devueltos a la vida desde todos los lugares, de la tierra y del mar.
La mirada de Moisés contempla la escena y se dirige también a un grupo compuesto por judíos, mahometanos y gentiles, que se hallan de pie, testigos de esta renovación salvadora.
En el lado opuesto vemos a Abraham, Isaac y Jacob, sentados, contemplan lo que vieron sólo en sueños y ven cumplida la Alianza de Dios.
El verdadero paraíso es un círculo en cuyo interior se halla la Reina del Cielo rodeada por dos ángeles y el primer salvado por Cristo, junto a su cruz: el buen ladrón.
Debajo, la puerta estrecha para entrar en la Gloria, a cuyo lado esperan los profetas, los justos, el rey David, así como los monjes, que vuelan directamente al cielo.
Un ángel tiene retenidos en un círculo los malos espíritus, representados por animales feroces, mientras con su lanza interfiere las intenciones del demonio que pretende descompensar la balanza, que pende de la mano de Dios, donde son pesadas las acciones de un humano.
Otro hombre se halla atado, abrazado voluntariamente, a una columna que es el materialismo y la ceguera al anuncio del Evangelio: tiene aquél los ojos cerrados a la obra salvadora de Cristo. El fin de este personaje es estar sentado en el regazo del demonio, en el infierno, pavimentado con los pecados capitales; en especial, con la concupiscencia, simbolizada en el tercero de los siete rectángulos, en la parte más inferior de la composición.

viernes, 26 de noviembre de 2010

PINTURA RELIGIOSA










En el año 1995 pinté, entre otras iglesias, esta obra en la capilla del Bautismo del El Tarrós, Lléida, gracias al celo y patrocinio de Mn Jaume Ermengol, párroco de La Fuliola, también pintada por el mismo autor,entre los años 1980 y 1991